Belleza, éxito, poder y una resplandeciente piel blanca…
Todos me adoran, todos me honran y yo soy la estrella de una pantalla grande.
Lois el hombre que aman todos… Y que sin embargo no puede corresponderlos, porque soy un racista que no ve color en la piel oscura, café o beige.
Un racista que no ve honor en otras razas, en países tercermundistas, en pobreza, en gente sin gracia, simples humanos que no se asemejan a mí.
Sin embargo mi trabajo me pide diplomacia, si deseo ganar dinero tengo que ser un farsante, un hipócrita hablarle a esa gente tan diferente a mí, sonreír a la cámara, firmar autógrafos…
Ser un hombre humilde, que realmente está conectado con los sentimientos de otros…
Sí, yo siento a los otros pero a los que son de mi color de piel, a los que tienen mi nacionalidad, mi honor, los otros son simple populacho.
Gracias a que el hombre inventó la Publicidad, las Relaciones Públicas, yo resulte ser una eminencia en estos aspectos y mi carrera destella oro, nadie lo nota, nadie sabe de mi forma de lavarme las manos cada vez que tengo que saludar a una persona que está por debajo de mi nivel, nadie sabe lo que sufro cuando tengo que ser entrevistado por esa gente mediocre, oscura, repulsiva que inunda mi gran América.
He pasado desapercibido en los programas que actuó, practicando los principios básicos de la diplomacia… En palabras más directas de la hipocresía
Todas esas tonterías que solo los ingenuos sin educación, ni buena intuición se tragan.
Y de pronto comencé a ser no solo solicitado en películas, si no también siendo el rostro de marcas famosas, ruedas de prensa y demás tontería.
Todo porque miles de mujeres y hombres notaron mi belleza, mi porte, mi singularidad…
Mi sofisticación, todo estaría bien si fueran de mi raza, pero me amaban todas las razas y estas mujeres u hombres sin cultura, ni educación comenzaron a demandar más de mí.
Más horas afueras de los sets firmando autógrafos como una maquina autómata a gente que no sentía, yendo a países para ser entrevistado por personas que no gustaba… Entrevistado y amado por latinos, japoneses, chinos, afroamericanos, indios nativos y siempre fingiendo servir a su causa.
Otra sonrisa tallada que enfocaba la cámara y terminaba tantas de mis actuaciones adentro de una película o fuera de esta.
Yo un gran hipócrita, farsante siendo el ídolo de pequeñas mentes… Dominando el terreno con mi belleza, esa gente era tan estúpida que por tan poco se cautivaba.
No ellos nunca me leían, ellos solo los aplausos, las taquillas, la publicidad gratis a alguien que no conocían.
Y yo acostumbrado a una vida injusta para otros, pues aunque no tenía estudios… Mi simple belleza me llevo a los mejores lugares, que no necesite de maestrías o doctorados para lograrlo.
Lo único que tenía que hacer todos los días, era seguir enalteciendo la farsa, seguir atrayendo a gente estúpida, seguir alimentando una industria de mentiras.
Por suerte mi fama creció y deje de hacer esos papeles que no me agradaban con gente que no me gustaba, deje de visitar países y de aceptar entrevistas… Ya no tenía que fingir tanto como en mis inicios y ser un lambiscón.
Podría ser un idiota, como la gente inteligente sabe que lo soy…
Mis entrevistas siempre lo mismo, haciéndome el que comenzó desde abajo para crecer… El que pasó por tantos trabajos, hasta que un buen día alguien lo descubrió… Si hacia cálculos, nada de lo que decía, tenía sentido.
La fama llego temprano y alimento mi ego.
Y ellos seguían tragándose su sueño americano, sintiéndose conectados con alguien que no conocían…. Siempre la misma farsa con que nuestro sistema, nuestra industria se ha forjado.
Todas esas ideas absurdas de éxito… Yo no necesitaba ser un buen actor, no necesitaba portar un gran antifaz para cubrir mi decadencia, mi falta de inteligencia…
Era mi belleza y el escandalo lo que a esos seres idiotas deslumbraba… Siempre tomándole importancia a detalles no trascendentes.
Con el tiempo, la edad cayó en mí…
Ya era difícil ocultar esas arrugas…
Mi estatus comenzó a tambalearse, la industria de la farsa, de la fama exigía más películas, más fotografías, más entrevistas, más escandalo…
Lo último se tuvo que convertir en mi pan de cada día…
Mi belleza en deterioro exigía maquillaje, no halle otra opción que inundarme de los matices de los más fracasados actores o cantantes sin talento.
Entonces lo vi…
Ahí estaba mi sustento…
“El escándalo”…
La vida que había reprimido, fingiendo diplomacia…
Y nuevamente brillaba, me llenaba de dinero…
Por esa gente ignorante, ilusa…
Fue una tarde manejando mi auto, que algo inesperado paso…
Las dimensiones se cruzaron por un instante…
Logre ver a una mujer y a un hombre de cabello en picos con ojos azules en otro auto… Luego volvió el camino a la normalidad, supe en ese momento que ese era un presagio de mi final.
Mi fama comenzó a irse en declive, cada vez más arrugas inundaban mi rostro…
Lo que nunca le tome importancia, ahora me llenaba de preocupación…
Pensaba que talvez era hora de pagar por ser un farsante… Un racista, un hipócrita llenando de fantasías la cabeza de personas que nunca me habían agradado…
Por esparcir frases de humildad, que estos pies, este cuerpo jamás habían pisado.
Decidí llenarme de amuletos para arrancar mi destino, callar voces, transgredir normas…
Enamorar nuevamente a los ilusos, embrujarlos con mis nuevos amores, mis nuevos escándalos, mis nuevas películas…
Y ahora estoy aquí cenando junto a todos mis iguales de colores tan brillantes como el sol, giñando un ojo y sirviendo a nuestro único dios…
Si talvez deje de ser un actor con talento y la gente pueda verme como lo que siempre he sido un idiota, prostituto del sistema, pero eso es mejor que sufrir en la pobreza… ¡En lo que abunda!.
Es ese ojo el que me salvo del destierro, el que me alimenta…
El que me aleja de EL…
Es solo eso que nunca nos dejara desprotegidos a los malditos, a los farsantes…
Es a lo que le serviré por el resto de mis vidas… Y que nunca me condenara en el fuego eterno y desgarrador de las Sentencias de Humo.























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