Conspiranoicos: ¡Ocio!


Regreso, luego de tiempo, nuevamente con otro capítulo de las historias con secuencia que estoy haciendo, es decir “Conspiranoicos”.

Espero les agrade, cuídense, ciao:D 




¡Ocio!
Dicen que uno, siempre debe estar activo, siempre debe estar haciendo algo…

Vieran que este hippie, jamás creyó esas tonterías, pero he pasado tanto tiempo siendo un ocioso, conformándome solo con vender algunas pulseras…


Y observando cómo se me pasa la vida… Con esta filosofía mía de aferrarme a no caer en las garras de un sistema incongruente, de no ser otra oveja autómata de la sociedad….

Es decir, un tipo robotizado que no me va más allá de sus narices y pasa su vida en un trabajo que le gusta o no le gusta, pero que consume la mayor parte de su tiempo todo para sobrevivir o conseguir un éxito banal y vacío, mientras la vida se le pasa y así se mueren sin haber vivido nunca.

Solo que yo era un hippie extraño, pues no concordaba con la filosofía del pasado movimiento hippie, es decir eso de amor y paz, no yo era una mezcla exótica, pues aparte de todo contaba con una disimulada y la vez exagerada misantropía, que me hacía repeler de todos los humanos.

O al menos trataba de que mi convivencia con estos, fuera mínima…

Y, sin embargo, mis dos condiciones, cosecharon sus frutos con el tiempo…

Resultando en nada bueno, pues ese ocio constante y esa manía por evitar a la mayoría de las personas…

Me hizo caer en una locura o en un enorme ocio, donde sin querer comencé a caer en lo que evitaba de aquel sistema errado, pero de otra manera…

Es decir, me evadía de la vida, pensando en una sarta de tonterías y di paso a caer en la estupidez más enorme que invento el hombre, es decir el amor de pareja.

Así, mate varias horas de la vida, dedicado en encontrar o conocer una pareja, una pareja que congeniara con este bicho raro.

Claro, que era algo absurdo de mi parte, digo era un misántropo, como esperaba algún día poder amar por completo a otro ser humano…

Pero estaba loco, o como he dicho era algo exótico mentalmente, aquellas mujeres que conocí nunca tuvieron nada en común conmigo y yo me aferraba a veces a esos malos amores, tan solo para aniquilar las horas de los días.

Aferrado a no caer en la actividad de conseguirme un trabajo, le temía tanto a ser otro zombie y no me daba cuenta que ya lo era, de otra forma, pero lo era…

Y es que, en esta sociedad y sistema maldito, es difícil salir librado, es como un laberinto…

Y después de todo, talvez todo sea producto de no controlar bien mi mente o bien de tomarle demasiada importancia, algo que no debería…

Solo debería enfocarme en sentir, en vivir el presente…

Pero caí en las garras del ocio, de la evasión del momento, que me hacía creer que amé aquellas chicas defectuosas, que realmente perdí la cabeza por ellas.

O por una de ellas… Y cuanto más analizaba a las susodichas, más entendía que no sé qué carajos hacia perdiendo mi tiempo, no teníamos nada en común…

Algunas eran tan superficiales, tan vacías por dentro…

Tan ególatras, tan irrespetuosas por el amor que les brindaba, tan deseosas de herirme o de hacer todo a su forma… Que era imposible pensar que podría formar una vida junto a ellas…

Al final con ninguna funcionaba, aunque hallé la mala manía de recordarlas, de pensar en que hice mal o que ellas hicieron mal… De creerme poeta, y pasar mi tiempo componiéndoles poemas de amor o desamor, dedicando mis horas a honrar el sentimiento, dedicando canciones a sus nombres…

Aferrado a veces alguna perversa y vacía damisela, que solo jugaba conmigo y con la que pretendía que las cosas funcionasen, pero nunca lo hacían…

Eran tan extraño que me aferraba a la más hueca y cruel, solo porque brillaba por fuera.

Que idiota era...

Ellas y yo no teníamos nada en común y era esa la única verdad, la que nunca podía aceptar.

Yo deseaba que las cosas funcionaran y seguía perdiendo mi tiempo en aquel juego estúpido, donde a veces lo único que teníamos en común era o una serie de televisión o muchos pleitos,  jamás temas que valieran la pena.

Jamás el amor verdadero…

Y este hippie misántropo insistía, fingía sentimientos…

Quería atraparlas, pero es que, hasta para eso era malo…

Fue después de ver una recopilación exhaustiva de canciones y poemas dedicados a sus nombres, luego de tantas desveladas que se consumieron sin sentido en nombre del amor…

Que entendí, que yo no estaba viviendo, dejé de pensar en mí, para pensar en ellas…

Para honrar y cambiar su podrido ser… Al que nunca pude modificar, ni embellecer.

Y yo no era un héroe, jamás las cambiaria, ni haría que me quisieran o que mágicamente me agradaran por completo.

Y podría haber dedicado más tiempo, despotricando contra estas o buscando la forma de arreglarlas, pero pare en seco…

Y mejor me eche a reír a carcajadas, como el loco hippie misántropo que era, como la mezcla exótica que siempre seria…

Y reí como nunca a la centésima discusión que tuve con la misma mujer más hueca y perversa, a la cual me aferraba en obtener…

Fue esa centésima vez que nos mandábamos mutuamente a la fregada…

Que ya no pude más y lo entendí…

El culpable de mis problemas, de haberse metido en la trampa del ilusorio amor, fue no tener mi mente ocupada en algo provechoso, en algo creativo el mayor tiempo….

En no enfocarme en mi y dar prioridad a sus mentes vacías…

En pretender cambiar lo incambiable… En no aceptar que efectivamente, me había dado el síndrome del poeta loco, de perder su tiempo en estupideces.

Estupideces, vicios, aferro, nostalgia y evasiones…

Tan solo pendejadas muy efectivas para nunca existir en el momento presente…

Y ya solo me quedo reír, reír como nunca, para que aquellas ultimas horas muertas en nombres del amor, valieran la pena en su rotundo aniquilamiento.

Y cuando reí y cuando volví en sí, descubrí nuevamente que yo nunca las amé…

Que todo fue un engaño de esta mente ociosa, para perder el tiempo, para aniquilar las horas que tanto detestaba…

Así que cabronas, si alguna me lee, escuchen yo nunca las ame…

No se puede amar a personas tan vacías, frívolas, crueles o putas como ustedes...

Todas estaban podridas, pero eso sí que belleza de poemas, realmente les hice un favor, porque a semejantes monstruos las convertí en seres sublimes…

Y después de todo, eso fue lo único interesante que pude haber hecho, que valió la pena después de todo este patético tiempo desperdiciado…

Ahora seré un hombre normal, productivo, con un trabajo decente o con una actividad que me haga morir en el proceso…

Por qué a quien engaño, la vida es esto, perder el tiempo…

O bien, alguien le interesa que así sea, le fascina que nunca estemos aquí de alguna u otra forma, para que sigamos consumiendo energía innecesaria en tonterías…

Tonterías que algún reptiliano a de tragar en otra dimensión o aquí mismo, metido en el trabajo junto a ti… Convertido en tu jefe maldito o en tus amantes caóticas con sus ojos de reptil y su lengua de serpiente disimulada, succionando de poco a poco tu energía y engordando hasta colapsarse.

Y ese instante señores y señoras, ese pequeño instante, es la parte más bonita, más bonita de la vida y a la cual yo le llamo felicidad, ja jajá.



Fin


Historia creación de Cecy Gutiérrez, todos los derechos reservados.

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